Otro mundo.

Mi hermano me dijo “No naciste en este planeta” mientras cortaba la leña.

-¡Gracias! Ya capté que no soy parte de esta familia.

-No, es en serio. Se detuvo con una expresión seria

-Ahora estás diciendo tonterías- Reí muy nervioso

-Puedes creer lo que quieras, pero yo sé que no eres de aquí. –Mi hermano azotó el hacha en el tronco

Él se fue por más madera que estaba en el granero, yo no pude evitar quedarme unos segundos pensando en lo que había dicho, no entendí porque había hecho ese tipo de bromas, ni eran graciosas y no tenían sentido. Yo era de la tierra, los extraterrestres no existen… una duda se apoderó de mí, la idea de que no fuera de aquí me aterraba tal vez debía hacerme una química sanguínea o algo por el estilo  y es que rozaba entre lo real y lo ficticio.

Cuando terminamos de cortar la madera, fuimos a la casa con ella, las noches en invierno estaban muy frías, era normal en esta época del año, esta región es muy extraña porque sus climas suelen ser extremos pero habíamos vivido así toda nuestra vida, así que nos adaptamos muy bien.

Vídeo por Vímeo 

Las noches eran oscuras y frías, estábamos a una desgracia para convertirnos en historia de Charles Dickens, mi hermano era unos años mayor que yo pero por todo lo que le había tocado vivir era más viejo de lo que se le dejaba ver, ese tipo de experiencia se nota en la cara.

Mi madre iba mucho al monte a vender lo que teníamos o a buscar plantas particulares, nunca me había preguntado para qué pero se veía que era una tarea muy importante, siempre le vi ocupada en eso.

(Información: Jenner y Biodiversidad.gob  )

Estábamos comiendo la cena a la luz de las llamas de la chimenea y algunas veces nos quedábamos en silencio masticando los frijoles, otras no sabía de qué hablar, pareciera que los temas de conversación se habían acabado, para no consumir toda la madera, nos íbamos a dormir temprano.

Al otro día la luz a través de la neblina se expandía alrededor de la casa, mamá todavía no había llegado pero siempre le dejábamos comida en la mesa. Nosotros salíamos a hacer los deberes como la madera, cazar alguna liendre confundida entre otras cosas que requieren mucha energía.

Nos preparábamos con nuestros mejores abrigos de pieles, botas y utensilios o herramientas que da la casualidad de que también podían usarse como armas, que yo recuerde nunca nos habíamos enfrentado con un depredador y no teníamos la intención de hacerlo, estábamos conscientes de que saldríamos perdiendo.

Esa mañana algo muy extraño sucedió, llegamos a una parte del bosque donde el sol daba de forma intensa y limpiaba la nieve con su rayo solar, se podía ver el pasto fresco y verde. Era como si una línea imaginaria dividiera ambos escenarios, mi hermano se puso nervioso por lo que estábamos viendo.

Era una criatura que expulsaba luz de su ser, muy parecido a un diamante, estaba flotando en medio del círculo y en mi mente escuché “Regresa con los tuyos, hijo mío”.

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